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Vol. 31, N�m. 3 � Mayo - Junio 2003

Editorial

Colegio Ibero Latinoamericano de Dermatología: cada congreso un gran desafío

El CILAD es una institución constituida por los dermatólogos de Ibero-Latinoamérica. Los lazos fraternos que existen desde su fundación en 1948 fueron acrecentándose con el tiempo. Hoy, mi generación, integrada en su mayoría por discípulos de sus gestores y también por nuestros propios discípulos, mantiene esa gran tradición que nos hermana a través de vínculos científicos y personales. No dudamos que los que nos sucedan continuarán por el mismo camino.

El primer Congreso Ibero Latinoamericano de Dermatología se realizó en Río de Janeiro en 1950, bajo la Presidencia de João de Agiar Pupo, siendo el Secretario General Antar Padilha Gonçalvez. A este congreso siguieron los de Madrid 1953, México D.F. 1956, Lisboa 1959 y Buenos Aires 1963. De ahí en más tuve el privilegio de participar en los nueve siguientes: Barcelona 1967, Caracas 1971, San Salvador 1975, Medellín 1979, Río de Janeiro 1983, Madrid 1987, Guadalajara 1991, San Juan de Puerto Rico 1995, Málaga 1999, y hoy tengo el honor de presidir el XV Congreso a 40 años de aquel V Congreso realizado en Buenos Aires.

El haber “andado” tantos congresos me permitió conocer muy bien el espíritu y el carácter de los mismos. Al igual que todos los congresos de cualquier disciplina o ámbito, los nuestros tienen dos facetas principales, la científica y la social.

La primera está caracterizada por distintos tipos de enfoque; ya sea en forma de cursos destinados al aprendizaje en forma sistemática; de simposios para profundizar el conocimiento de temas; de talleres para intercambiar ideas y llegar a conclusiones y de sesiones de trabajos libres y minicasos, etc. Los trabajos en cartel, cada vez más numerosos permiten la sana competencia científica y despliegan el ingenio para que a través de la gráfica sean más atractivos. Los más jóvenes, los que recién están descubriendo la dimensión y el amplio espectro de la dermatología, tienen su espacio propio en el foro de residentes, lo que les permite entrenarse en la preparación de trabajos y capacitarse para el debate científico. También estos congresos, realzados con la participación de reconocidos científicos del mundo entero, permite ver y escuchar a algunos a los que solo se los conocía por sus publicaciones.

No menos importante es la segunda faceta mencionada, la social, la de los momentos de encuentros personales o grupales y de la conversación tranquila y despreocupada. Cuantas veces en esas reuniones informales se pueden intercambiar ideas, analizarlas y discutirlas sin el rigor que impone la solemnidad de un auditorio. Frecuentemente ese acercamiento de persona a persona, nacido al amparo de un congreso, permite crear lazos profundos de amistad.

Para hacer honor al pasado, debemos detenernos y recordar hoy lo que hemos dejado atrás con el avance de la tecnología; la época cuando preparar un trabajo científico significaba innumerables horas de agotadora búsqueda bibliográfica en las bibliotecas de las facultades, academias, asociaciones o en las de nuestros maestros. Luego seguía la tarea de resumir lo más destacado y relevante de lo leído y escribir “a mano” en papeles que cada vez se amontonaban más y más, para finalmente compilar y esbozar ¡“el trabajo”! . Recordemos como nos deprimíamos cuando nuestros tutores nos hacían rehacer todo, como los trabajos de Sísifo. También se modificaron las presentaciones: de los gráficos y las fotografías en papel o las diapositivas en blanco y negro o color, hasta el actual video, el DVD o la imagen digital. En fin, pasado y presente, presente y pasado, se confunden en nuestro recuerdo y hoy somos nosotros los que utilizamos la maravilla tecnológica, con el entusiasmo de principiantes.

El mundo ha cambiado; las distancias se han acortado y todo está a la vuelta de la esquina. La rapidez de las comunicaciones, la tecnología al servicio de la ciencia y el avance vertiginoso de la investigación, hacen que las verdades de hoy se transformen en meros recuerdos del ayer a una velocidad increíble.

Con todo este devenir de hechos, organizar un congreso no es ciertamente tarea fácil. Es importante contar con un grupo de colaboradores que comparta la misma línea de pensamiento, persiga el mismo objetivo y manifieste el mismo entusiasmo por alcanzarlo. De esta manera la tarea de buscar y encontrar lo nuevo y lo innovador, será más fructífera.

Se debe pensar en un programa científico cuidadosamente articulado, incorporando a lo clásico el sorprendente avance de la investigación clínica y de laboratorio, de la biología molecular, de la genética, de la inmunología, etc. Todo ello está permitiendo comprender las enfermedades y aplicar terapéuticas, algunas viejas e irremplazables y otras tan novedosas que nos maravillan y que pueden ser la llave o al menos la clave, para abrir el camino hacia la curación o la mejora de la calidad de vida.

Estos cuatro años que llevó planificar el XV CILAD, donde ahora la “C” corresponde tanto al Colegio como al Congreso, fueron intensos, productivos y, a la vez, placenteros. Dediqué mucho tiempo a la organización de este evento, con el maravilloso grupo que me acompañó, siguió y persiguió. Todos hemos restado horas a nuestras familias, a nuestra profesión y, porque no, a la diversión y distracción y muchas veces también hemos postergado la atención de la consulta, lo que suponemos nuestros pacientes habrán perdonado. Hoy creemos estar recogiendo los frutos deseados; el entusiasmo de la convocatoria y la respuesta rápida de los participantes nos lo hacen sospechar. Ahora solo nos resta esperar; nosotros preparamos el escenario en el cual ustedes serán los protagonistas, y juntos seremos los jueces para que en próximos congresos, algunas cosas se repitan, otras se mejoren o se incorporen novedades que nosotros solamente alcanzamos a vislumbrar.

En nuestra Ibero-Latinoamérica tienen lugar numerosos congresos, que aumentan continuamente. Algunos nacionales, otros regionales y también internacionales. Bienvenidas sean todas las reuniones científicas. Ninguna es competencia de otra, todas se complementan y suman el saber. Nuestro CILAD así lo entiende y hoy cuatro países compiten por la sede de próximos congresos: Colombia, Ecuador, República Dominicana y Venezuela.

Estamos seguros que cualquiera que sea el lugar y quienquiera que fuere su organizador, cada nuevo congreso será un desafío mayor. La competencia sana será en beneficio de todos, y creará la expectativa de nuevos encuentros que aunarán voluntades para que la Dermatología Ibero Latinoamericana siga ocupando un lugar de privilegio en el mundo de la Dermatología.

Ana Kaminsky
Presidente del XV Congreso Ibero-Latinoamericano de Dermatología